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TRE® y el congelamiento social

Elmo Catalán


Desde 2016 vengo practicando TRE® , solo, con hijos, amigas y amigos, con grupos, y personas que necesitan apoyo, compañía, contención.


Casi todas las personas que experimentan TRE® se sienten cómodas con las sensaciones y emociones que surgen durante los ejercicios.

Sin embargo, en algunas ocasiones, unas pocas pueden llegar a sentirse agitadas, asustadas o abrumadas.



Muchas veces las personas reportan que están experimentando un temblor sutil y que no pueden parar de temblar. A algunos personas les puede abrumar, y ya saben (según les he indicado al comienzo de la sesión) que deben auto regularse e ir saliendo calmadamente, parar y detenerse, para recobrar la seguridad y tranquilidad de base con la que ellos identifican que están bien.

Estar atento al estado emocional, mental y físico de la persona para facilitar el confort y la seguridad que requiere, es parte de mi tarea.

Son muchos las sensaciones o respuestas que podría experimentar una persona haciendo TRE®. El sistema nervioso autónomo se configura a través de la experiencia. En respuesta a las experiencias de conexión y desafío, desarrollamos un perfil neuronal personal con patrones habituales de reacción. Reconocer estas respuestas y percibir los patrones de activación es también tarea de quien acompaña y facilita.

Uno de estas respuestas o síntomas es el congelamiento.

¿Qué es? En sencillo, nuestro cuerpo y en particular sus músculos se endurecen, se contraen, se pone rígido o flácido, no movemos el cuerpo. Se nota en las manos y en los pies. El patrón respiratorio se pierde. Casi no respira.

¿Qué hacer? Dialogar, conversar, preguntar. ¿Qué preguntar? Una fácil…que siente? ¿Qué nota en su cuerpo?

Luego ayudando a que esta persona sienta su cuerpo, y la sensación de estar entero y arraigado. Tomar sus manos, y acompañar…literalmente para que se levante y camine, acompañado de usted.

Bien, durante estos meses, observo en todos los niveles, un cierto congelamiento emocional, corporal, mental, y social en muchos grupos de personas, producto de una falta de liderazgo a mi juicio de quienes están al mando, de quienes tienen responsabilidad política, social, económica, educacional, administrativa.

Muchas personas asustadas, y con razón, preguntándose que va a pasar conmigo, con mi familia, con mis seres queridos, con mi trabajo, sin tener respuestas. Es cierto que en este contexto no es fácil responder con certezas. Cómo es lidiar con la incertidumbre para desde un sistema autorregulado, encontrar los recursos y las respuestas que nos generen mayor bienestar en un mundo que se está transformando.

Observo muchos grupos huérfanos de compañía, de solidaridad y de empatía frente al momento en que nos toca vivir como sociedad (no solo como persona). Muy centrados en la exigencia, el deber, las reglas. Pasando por alto al que tengo al frente y sus circunstancias.

¿Qué hacer cuando estoy “congelado” como persona, en o con mi grupo de referencia, para ir a un lugar seguro, estable, y sentir arraigo dentro de sí y dentro y con mi grupo de referencia?

Desde la teoría polivagal, la conexión es un imperativo biológico. El vago ventral proporciona la base neurobiológica para la salud, el crecimiento y la restauración. Busca de manera autónoma la oportunidad de corregulación. La capacidad de calmar y ser calmado, hablar y ser escuchado, ofrecer y recibir.

¿Cómo activar este “nervio de la compasión” a nivel social? ¿Cómo activar el estado vagal ventral en nuestra sociedad para que surja la esperanza y ocurra el cambio?

A nivel personal, enviamos señales de conexión con nuestro tono de voz, la expresión facial, inclinando la cabeza, señalando que es seguro acercarse, descansar, respirar, estar bien.

A nivel social, preguntar, colaborar, ponerse a disposición, bajar las exigencias, adoptar prácticas colaborativas, comprar alimentos de primera necesidad como colectivo, apoyarnos, darnos una mano, solidarizar, ponernos en el lugar del otro, son prácticas simples, pero efectivas, porque nos da esperanza de que hay un mundo más allá de la auto-definición, tan ciega, de que somos un país desarrollado.

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