• Espacio Amapola

Ese vag@ que todos llevamos dentro

Por Cecilia Gallegos


Esa dualidad entre hacer y no hacer, de “aprovechar el tiempo”, como si no hacer, nos convirtiera en vagos.

¿Por qué es tan difícil el descanso?, ¿por qué cuesta tanto concentrarse en una lectura?, ¿por qué dormir se hace cuesta arriba?.

Ocurre que en la quietud se nos activan las alarmas.


Dicho de otro modo, para estar quietos, tranquilos, necesitamos de la sensación de seguridad.

Seguridad que tal como la aprendimos, hoy está comprometida.

Y esta sensación es anterior al pensamiento, ocurre por debajo de nuestro nivel de consciencia, le pertenece al sistema nervioso autónomo, que es nuestro guardia de seguridad personal y que está pendiente en todo momento de lo que nos está sucediendo.


El doctor Stephen Porges, acuñó el término de neurocepción, pues antes que nuestro cerebro entienda que está pasando, nuestro sistema nervioso ya ha evaluado la situación y genera una respuesta para “ponernos a salvo”, todo lo cual ocurre de forma muy automática.


La teoría polivagal (*) desarrollada por Porges nos muestra que nuestro sistema nervioso jerarquiza las situaciones y desde ahí nos impulsa o no a la acción. Y en ello, el rol de otro vago juega un rol muy importante, es el nervio vago que pertenece a la rama parasimpática del sistema nervioso autónomo, cuyo nombre viene de errante y tiene 2 circuitos, el vago ventral y el vago dorsal.


Se han fijado, que hay personas que se sientan a la mesa y se paran mil veces, o se disponen a leer y se les ocurren mil cosas. Lo que puede estar ocurriendo es que el sistema nervioso evalúa que está bajo amenaza, y lo primero que activa es la rama simpática, impulsando a la acción, haciendo muy difícil la quietud, pues su evaluación es que en el movimiento, ya sea enfrentando, o bien huyendo de la situación estaremos más seguros. ( si nos preguntan; “no nos pasa nada”, no somos conscientes).


Para la sensación de seguridad se requiere la activación del nervio vago ventral, perteneciente a la rama parasimpática de nuestro sistema nervioso autónomo y evolutivamente la más reciente. En esta sensación sentiremos nuestra respiración profunda, nuestro ritmo cardiaco regulado, la expresión de nuestra cara será suave y nuestro sistema inmunológico se habrá fortalecido, nuestro cerebro podrá estar enfocado y encontrar soluciones que no habíamos imaginado.


Podemos ayudar a nuestro nervio vago ventral a activarse. Llevando la atención a nuestro cuerpo sin querer presionarlo, sino proveerle bienestar, observando sin juicio nuestra respiración para que sin esfuerzo se vaya transformando, conectando con nuestras tensiones corporales para que sutilmente aparezcan movimientos nos otorguen tranquilidad; usando nuestras manos, para tocar con suavidad las zonas de nuestro cuerpo que requieran contacto. No hay nada que nos provea mayor sensación de gratitud que la amorosa atención propia.


El autocuidado en la quietud del contacto, en el silencio de la autoobservación, en la paz de la respiración, son bellos caminos para encontrarnos con nuestros recursos esenciales.


(*) iremos profundizando sobre esta teoría más adelante.

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