• Espacio Amapola

21 días de abundancia

Elmo Catalán


Es fin de semana y me levanté temprano. Abrí las ventanas para que entrara el aire, y sobre todo el sol, poder tomar toda la energía de esta hermosa mañana. Preparo mi desayuno, y prendo mi teléfono para enterarme de algunas noticias. Lo primero que abro, es el whatsapp, y me encuentro con el siguiente mensaje: “Buen día, me hace mucha ilusión pensar que hayas aceptado formar parte de este grupo (21 días de abundancia, que sumado a los 6 últimos grupos que me han incluido de la misma forma, serían 130 días pidiendo meditar sobre la abundancia)”.



Ahora bien, no estoy en contra de estos grupos, y me encanta que en este contexto, me hagan parte de esto, piensen en mí, pueda como otros, pedir, rezar, orar, invocar, solicitar, etc. Sin embargo, me he detenido a reparar en lo siguiente: cada uno de estos grupos meditativos (le he puesto mucha atención) viene con tareas que significan, no solo tiempo, sino exigencias bastantes elevadas (piensa en 60 personas de las cuáles estás agradecido…en el primer día de meditación), lo que me ha hecho reflexionar más allá de las buenas intenciones y valor que tiene la oración conjunta; en las exigencias. En cada grupo en el que estoy, con cada persona que veo, converso, trabajo, me señala que uno de los síndromes más complejos de esta cuarentena es el sentirse exigido por otros: los que son padres, exigidos por el colegio, sus propios hijos, las tareas del hogar, las tareas del colegio, etc. Los que trabajan, lo mismo; ya que significa estar largas horas frente al computador, conectados ocho horas, expuestos y exigidos a responder minuto a minuto, todos los días, las demandas de su empresa.

Tenemos al frente un fenómeno inédito, que nos exige a todos el máximo de cuidado con nosotros mismos y con los otros; y  atención sensorial, ya que es algo no  observable, no lo podemos ver, tocar, oler, distinguir, tomar y sin embargo nos hace sentir altamente vulnerables, con miedo concreto a contagiarnos, a quedar cesantes, a pasar hambre, a vivir más precariedad de la que ya existe, y sin saber cuando esto terminará…


¿Será posible conectarnos con el misterio de la vida y en conversación con nosotros mismos, de forma menos capitalista u occidental? Es decir, en otras palabras, podríamos simplemente unirnos en oración (si así lo quieres), todas las mañanas, durante esos 21 días, sin hacer más “tarea” que sentarse 5 minutos, pedir, orar, agradecer por ese grupo, por tus cercanos, por ti mismo(a), con menos rigidez y exigencia,  con más flexibilidad y silencio? ¿Podríamos reunirnos virtualmente con un sentido más comunitario y de compartir esta experiencia de incertidumbre y temor, para acompañarnos unos a otros, e ir en ayuda de lo que así lo requieren?


Orar en comunidad, como hacer cualquier cosa en comunidad nos da la sensación de compañerismo, de solidaridad y de humanidad, y es así como me he tomado esta práctica de los 21 días de abundancia.

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